viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 4. Aron

Me despierto entre las cuatro paredes de cada día pero con una nueva ilusión. Sé que hoy también tendré tres horas de libertad. Bueno, una libertad relativa. Si hago bien mi trabajo recibiré más propinas y podré hacer más cosas ahí fuera. En el mundo. Yo tengo una visión de la vida que supongo comparto con mucha gente. Vivir, llorar, reír, ser fuerte, caer, levantarse , enamorarse, tener una família, tener deudas, acabar de pagar la casa y morir. Y yo de momento he cumplido varias. Menos enamorarme. Nunca me he enamorado, ni siquiera de adolescente. Bueno, estoy mintiendo, cuando tenía catorce años me enamoré de un chico que iva a mi clase, con él descubrí que es el amor. Una mierda. Me engañó once veces. Y pese a tener catorce años sufrí muchísimo. Juré no volver a amar a nadie. Y hasta ahora. Y sigo con la idea.
De repente unos golpes en la puerta interrumpen mis pensamientos, cojo la toalla y la ropa interior que cada día Phoenix nos deja preparada y abro la puerta.
- Alexia Alexia Alexia
- Susy, ¿ahora que?
- Eliana....Eliana joder Eliana- dice llorando
- no..
- Si Alexia..hoy se llevan su cuerpo. Es mi culpa, yo lo podría haver impedido joder
- Ella ha muerto desgraciadamente pero tu has salvado a las otras chicas. Si hubieses explicado el porqué no podían fumar eso estaríamos todas muertas.
- Vámos a verla..
Nos dirigimos a la habitación 5 , la cual era de Eliana. Allí está. Su cuerpo blanco encima de la cama con los ojos aún abiertos. No puedo evitar llorar pero de repente un pensamiento bastante lógico me invade la mente.
-¿ Por qué Eliana y Caty no? Si las dos fumaron de ese porro, las dos deberían estar muertas.
- Tienes razón.
En la habitación están Phoenix, y las demás chicas.
- Eh..¿podeis dejarnos a Susy y a mi despedirnos a solas, por favor? Estábamos muy unidas y..
- Vámos nenas, dejémos a la muerta y a las otras dos que se despidan.
Cierran la puerta.
-Susy dale la vuelta
- ¿Porqué yo?
- ¡Susy Joder!
- Vale vale..- Le da la vuelta al cuerpo muerto de nuestra compañera, pero nada raro.
-¿ Que hacemos? No somos detectives..
- Alexia mira esto, tiene una marca, como un moratón detrás de la oreja, tiene un punto rojo justo en medio. Le han pinchado algo. No fue el porro Alexia..la han matado.
El día transcurre triste y largo, muy largo. Caty ha venido a preguntar hace unas horas dónde estaba Eliana, no sé como no ha podido enterarse , pero cuando se lo he dicho, ha tendido que sentarse para no caerse. Yo llevo dándole vueltas todo el día, incluso lo he comentado con un cliente. La han matado. Habrá sido Phoenix. Pero..¿por qué?.Era una buena chica..No sé quien tendría motivos para pincharte vete a saber qué, en el cuello a Eliana.
Las horas pasan y pasan. Clientes vienen, clientes van. Ya por fin, cierran hasta las diez de la noche, que volverán a abrir esto. Me queda una hora para salir de nuevo.
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Vuelvo a estar en la calle de nuevo, pero hoy llueve. No voy a comprarme un paraguas, en estos momentos la sensación de sentir el agua en la cara es espectacular. Iré a West Peak Café, junto con mi libreta y mi bolígrafo veré que dibujo hoy. Está medio vacío. La chica de la tarde pasada me sonríe.
-¿Otra de lo mismo?
- No gracias, hoy un té rojo.
- Bien
En la cafetería hay dos mujeres de mediana edad . Una chica con su novio me atrevería a decir, cruzan los dedos por encima de la mesa, y tienen una mirada... que solo los enamorados podrían tener. Se miran y sonríen. No les oigo, pero adivino que apenas hablan porque no veo que se muevan sus labios. Esta vez sonrío yo, cojo la libreta y empiezo a retratarles. En la mesa de enfrente hay un chico leyendo un libro , alcanzo a ver el nombre " La sombra de la libertad". Lee atento, supongo que debe estar imaginandose que és el protagonista. Quizá sea un cowboy, un pistolero, o quizá un asesino en série.
- Perdona ¿necesitas algo?- Me dice.
Mierda, no he dejado de mirarle ni un segundo.
- Eh no perdona- bajo la mirada
- no pasa nada- sonríe mientras vuelve a su lectura
Y le miro disimulada, tiene una sonrisa preciosa, y nuestras miradas se cruzan. Y vuelvo a mirar hacia abajo, y de nuevo a él. Y los dos reimos de nuevo.
-¿ Puedes ponerme un café para llevar? mientras iré al baño- le dice él a la camarera
- claro
Va al baño y vuelve a mirarme. Cuando llega su café le espera en la barra, paga lo coje y se va. Cuando sale por la puerta, se gira y tras la cristalera me dedica una mirada, esta vez seria. Luego abre su paraguas y se aleja tras la cortina de agua.
Oh vámos ¿qué estoy haciendo con mi vida? estoy tonteando como si tubiera quince años. Debería levantarme y pedirle el número de teléfono. <Espera Alexia espera, no tienes móbil> me digo a mi misma.
- La cuenta por favor..
Pago y al levantarme, me percato de que "La sombra de la libertad" sigue en la mesa del chico de la sonrísa bonita. Lo cojo y lo hojeo, lo mantendré conmigo hasta que le vuelva a ver. Tiene un punto de libro, estampado con unos dibujos de flores perfectos, echos a lápiz. En la contraportada está escrito: Aron Jenkins. Aron..bonito nombre para una sonrísa perfecta.
Por hoy he tenido suficiente. Me voy para Land, mañana será otro día.
Toco el timbre del gran edificio de tres pisos, bastante degradado por fuera. Entre que me abren y no, me giro y le echo un último vistazo al paisaje, miro hacia arriba y no puedo evitar cerrar los ojos, puesto que aún llueve. Me abre el camarero y me hace pasar. És un chico interesante, a mi almenos no me ha sabido tratar bien, pero creo adivinar en sus ojos que todo es un papel. El papel de chico malo. Al abrirme la puerta se aleja rápido, solo que yo alcanzo a ver sus ojos lagrimosos. Le cojo del brazo y se queda quieto, mirando al frente, y luego pega un tirón y se suelta de mi mano.
-Déjame- me dice
- Escucha, ¿como te llamas?
- Albert.
- Albert, són las ocho menos cuarto. Hasta las nueve no tengo que estar arriba, ¿quieres hablar?
Al principio vacila, pero se gira y las lágrimas corren por sus mejillas. Asiente con la cabeza y se sienta en una de las mesas, el local cerrado és más acojedor que de costumbre. Sin chicas bailandoles a unas barras de metal, mientras hombres sin vida amorosa, buscan sexo sin amor hasta debajo de las piedras. Asqueroso local de infidelidades a cambio de dinero. Albert me ofrece asiento a su lado, y le miro los ojos. Marrones, pero no por ello como todos los demás. És alto, y delgado, con el pelo a media melena castaña. Con la justa barba de dos días, es realmente atractivo.
- Y bueno finalmente acabé aquí..¿que te parece?
Mierda. No me he enterado de nada mientras le miraba.
- Eh..bien bien.
- No me has prestado atención..¿verdad?
- Albert lo siento de veras es qué..
- Tenemos tiempo así que te lo contaré de nuevo.
- Gracias. Prometo prestarte atención.
- Hace seis años o siete, ya no me acuerdo, yo era Médico en Barcelona. Doctor Martínez.

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